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Pequeña Antología de la Arquitectura

Leyendo un libro precioso que recató una amiga de la basura (Las Ciudades del Futuro, por Michel Ragon) en el apartado que da nombre al titulo  me he tropezado con estos Consejos a un joven, que me han parecido francamente poeticos:

Olvida a los arquitectos del mundo entero, salvo como algo elogiable,
a su manera y en su tiempo.

No te embarques en la arquitectura como medio de ganar la vida, salvo
si te gusta la arquitectura y si estás preparado para serle fiel como
a tu madre, a tu camarada o a ti mismo.

Desconfía de las escuelas de arquitectura, salvo como interpretes de
la ciencia del ingeniero.

Aprende a distinguir lo curioso de lo bello.

Desconfía como del veneno de la idea americana del time is money.
llegar a la profesión medio preparado es vender tu derecho de
nacimiento como arquitecto por nada, o morir pretendiendo que eres
arquitecto.

Considera tan importante el construir un gallinero como una catedral.
El carácter puedo ser grande en lo pequeño y pequeño en lo grande.

No participes en ningún concurso de arquitectura, salvo en el caso de
que seas un debutante. Ningún concurso ha dado nunca al mundo nada de
bueno. El jurado forma ya en sí mismo una media. Lo primero que hace
un jurado es mirar todos los dibujos y arrojar los mejores y los
peores, ya que, puesto que representa la mediana de los arquitectos,
no puede hacer una media más que sobre proyectos medianos.

No es preciso comercializarlo todo en la vida, bajo pretexto de que
tu destino es vivir en la edad de la maquina. La arquitectura marcha
hoy por las calles como una prostituta, ya que encontrar un cliente
se ha convertido en el primer principio del arquitecto. En
arquitectura, es el trabajo quien debe venir a buscar al arquitecto y
no el arquitecto quien debe encontrar el trabajo. En arte, el trabajo
y el hombre son amigos. No pueden ni venderse ni comprarse el uno al
otro.

(Extractos de “Modern architecture”, 1931, publicado en “Writing and
buildings” de F. Lloyd Wright, Meridian Books, Nova York)

•••

Los tres puntos son: no increpar, no violencia, y no drogas duras.

Sentada junto a una cocacola y tras probar el producto nacional (cómodamente liado y empaquetado, por el mismo precio que una cerveza) me sentía bastante a gusto en el Disneyland Hippie que es Cristiania, donde los pitbulls son adorables aunque seguramente estén entrenados por sus dueños… mesas llenas de cosas (calidad precio) y tipos duros liándolas. Carteles como THERE IS NOT PLANET B colgando de esculturas hechas por la comunidad, cutre pero arte, el que a mi me gusta. Buen ambiente, sol (mayo y fin de semana), diferentes olores, diferentes edades, convivencia buena.  No bonguistas, no emos, no clichés. A mi me pareció un experimento de IE… estéticas vistas (no tribus, mezcla): hippies (70), punks, pijos, zorras con pieles, trajechaquetismo, hiphoperos, modelocamelloconpitbull, domingueros… buena convivencia a primera vista.

Cristiania tiene dos partes diferentes: una la zona de bares/trapicheo y otra la zona residencial. En cuanto a la primera Cristiania es el paraíso fumeta por excelencia, no porque sea legal y puedas encontrar de todo tipo (que también) sino porque está llena de cosas bonitas y no se tiran mucho al rollo. Cosas bonitas/curiosas vistas: una vaca gigante flotando en el agua, mini barcos, canoa pintada a mano con hipie que intenta hablar con un cisne y el cisne “le contesta”, atardecer en el puente, escenarios hechos con cartones (que aguantan) camas elásticas, espacios preservados (y la gente lo respeta), árboles muertos tallados como tótems…

La zona residencial es también muy chula, las casas están hechas con barcos viejos, tienen forma de pentágono, están pintadas de colores y tienen frases del tipo “pensamos que éramos libres” o “que no muera el sueño”. Tienen huertas, caballos, colegio y/o ludoteca, “playa” en el canal, un taller de bicis (donde hacen bicis chulísimas con espacio para llevar cosas, niños o colegas) que se ven por todo Copenhague y destilan su propia cerveza orgánica. Tienen un skate park y un montón de abuelos jugando a la petanca.

No tengo fotos de ello porque en la entrada hay un cartel gigante que pone NO PHOTOS y por respeto no quise sacar ninguna. El cartel tiene un uso disuasorio también ya que algunos turistas se agobian y se salen por lo que pudiera pasar.

Yo me quedé encantada de ver como funciona hoy en día una colonia que lleva unos 40 años ocupada, viendo la utopía mundana (poder vivir a tu aire pero tener los servicios de una gran ciudad cerca  por si acaso) y lo que más me ganó fue que pretensiones tenían las justas.