Hay que quemar a Sade o a Foucault?

El titulo es un poco la coña de otros dos títulos: el libro de Simone de Beauvoir (Must we burn Sade?,1953) y el articulo de Karen Vintges (Must we burn Foucault? 2001)

Foucault ha sido criticado, como Sade, por su falta de ética y de normativización. Ambos son conocidos por sus desfases (reales o escritos) en violencia, sensaciones extremas y sexo. Amorales kantianos. Precisamente la falta de norma es lo que me resulta más atrayente de ambos.

Vintges califica al incalificable Foucault de post existencialista y en base a esto intenta reconciliar a Beauvoir con Foucault a través de Sade. Asimismo defiende que Foucault, como Sade, han creado una ética propia en torno a sus formas de conducta, asumiendo la responsabilidad de sus actos y no restringiéndolos a una esfera pivada/pasiva; Auto creándose a si mismos.

Para mi, en el fondo, Beauvoir y Foucault se complementan muy bien pues uno pone práctica a la teoría de la otra. Beauvoir era bastante crítica con Anaïs Nïn y Oscar Wilde pues veía en sus obras un autobombo que no le gustaba (quizás porque su vida no fue tan “bella”) sin embargo no podría decir lo mismo de Sade y Foucault. De aquella frase de Foucault “esforzarnos en devenir homosexuales y no obstinarnos en reconocer que lo somos” bien podríamos aprender todxs.

Entre Foucault y Sade las diferencias son grandes y no solo las espaciales temporales.

Sade sin duda ha sido y será conocido como el rey de los perversos aunque quizás por los años que le tocó vivir (un conde ante los horrores de la guerra) no llegará a ser tratado como un teórico. Sade apuntó que la soberanía está por encima de la naturaleza y fue totalmente trasgresor en el planteamiento del sexo, el poder y el control de los cuerpos. No hay cuerpo sin discurso, las perversiones también tienen su discurso y no es compatible con el cristianismo, Juliette (el vicio) gana a Justine (la virtud). Foucault usa a Sade para sus planteamientos sobre la locura, la prisión y la sexualidad.

En palabras de Foucault (1972) “El gran intento de Sade (…) reside en introducir el desorden del deseo en un mundo dominado por el orden y por la clasificación”. Esta fascinación por Sade, fascinación que todxs los desviadxs hemos sentido alguna vez, dura poco y una vez asumida la base del discurso (la muerte de dios, el control de los cuerpos) Sade puede ser odiado y querido según la intención que le ponga de fondo el sujeto que lo lee. Foucault escribe Sade como Sargento (1976) donde ve a Sade como un sargento que controla militarmente los cuerpos a la vez que, por el contrario, habla de la liberación del placer (practicas sadomaso consensuadas aparte).

Foucault asiste a la revolución sexual de San Francisco, a nuevas formas de goce del cuerpo (relata sus experiencias con el LSD) y a la reforma del senado francés (1978) donde se descriminaliza la sodomía, cosas que Sade ni soñó. Sin embargo Foucault conservó su conciencia crítica y siguió deviniendo contra la producción y control del sexo por parte del estado criticando las nuevas intervenciones en el hermafroditismo en los 80 y conservando ese amor-odio a Sade hasta el resto de sus días.

Yo no quemaría ni a Sade ni a Foucault porque nos han mostrado caminos por caminar pero igual si que le quemaba el pelo a Pasolini por lo mal que me lo hizo pasar con su versión de 120 Jornadas de Sodoma.

 

“Toda legislación sexual se reduce a un conjunto de leyes sobre el pudor”

M. Foucault

 

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